¿Qué son los RAEE?
El mundo de la alta tecnología ha experimentado una aceleración constante y progresiva en los últimos treinta años. Cada año, los fabricantes presentan nuevas maravillas técnicas para ganar posiciones en una carrera impuesta por las feroces leyes del mercado. Las novedades generan expectación y más de un consumidor no puede resistirse a cambiar de móvil, de ordenador o de reproductor de MP3 si el bolsillo se lo permite.
Una de las consecuencias más inmediatas de este consumo exacerbado es que, cada año, más dispositivos electrónicos acaban en los contenedores de reciclaje. Sólo en España, las familias producen más de 1.000.000 toneladas de basura electrónica anualmente, de los que 700.000 pueden ser reciclados.
Canarias que fue la primera Comunidad Autónoma en autorizar en 2006 a todos los SIG de RAEE de España, se han establecido una red de centros de recogida, llamados puntos limpios, existen más de 780 de estos puntos en toda España, que forman el primer eslabón de la cadena del reciclaje.
Según un informe de la Agencia Europea de Medio Ambiente, los socios comunitarios generan 7,4 millones de toneladas de residuos de esta naturaleza. La Agencia prevé que este volumen se duplique en el año 2020.
Muchos dispositivos electrónicos actuales contienen piezas de plomo, cadmio, cromo o mercurio. Todas estas materias son potencialmente peligrosas para el hombre y el ecosistema si se liberan en el medio ambiente. Curiosamente, los dispositivos electrónicos son una basura cuyo proceso de reciclaje es relativamente sencillo en comparación con el que generan otros sectores.
Los metales constituyen el núcleo principal de los residuos eléctricos y electrónicos. Reutilizar metales permite ahorrar su proceso de extracción, una de las fases más agresivas con el medio ambiente dentro la producción de este material. Para recuperarlos se necesita menos energía (10% menos, por ejemplo, en el caso del cobre) y se generan menos desechos (potencialmente, un 98% menos) que para extraerlos de la naturaleza.
Esto no significa que deba dejarse de lado la explotación de minerales vírgenes, sino que el reciclaje desempeña un papel importante en el desarrollo sostenible como productora de metales comunes y preciosos, útiles para generaciones venideras. Además de su significativo valor monetario, los metales reciclados poseen también un valor ambiental único: pueden durar para siempre.
La mayor parte de los componentes son separables por medios mecánicos y se calcula que el 70% de cada dispositivo puede ser convertido en materias primas aprovechables. Sólo los productos metálicos superan este índice, con un 90% de volumen reciclable. Muchos de los materiales utilizados en electrónica (cobre, oro, plata o aluminio) son valiosos por sí mismos, al no resultar abundantes en estado natural.
El problema al que se enfrenta el reciclaje de electrónica es la falta de una infraestructura de tratamiento adecuada. En Canarias no se cuenta con ninguna planta de reciclaje para este tipo de residuo por lo que E-Waste Canarias pretende ser la primera en dar solución a los residuos que se generen en las 7 islas.
En 2005 entró en vigor el Real Decreto 208/2005 del 25 de febrero, destinado a regular la recogida y el reciclado de los aparatos eléctricos y electrónicos al final de su vida útil. Al amparo de ese decreto se han creado las fundaciones SIG, organizaciones promovidas por grandes empresas del sector de los aparatos eléctricos y electrónicos o por importadores al territorio español de estos, para el desarrollo de herramientas de gestión de este tipo de desechos.
El volumen de residuos recuperados crece a un ritmo del 10% anual.
Pese a las políticas medioambientales que pueden ponerse en marcha, el reciclaje es un proceso que debe iniciarse en el mismo momento en que se diseña un nuevo producto.
E-Waste Canarias, S.L., no sólo defiende el reciclaje sino la reutilización como la alternativa para alargar la vida útil antes de pensar en reciclar. Por eso tiene firmados convenios de colaboración con diversos colectivos y ONGs, ya que por ejemplo un ordenador de hace cuatro o cinco años puede no ser capaz de hacer funcionar juegos de última generación, pero resulta un valioso instrumento educativo para sectores de la población Canaria con menor poder adquisitivo.
Una de las consecuencias más inmediatas de este consumo exacerbado es que, cada año, más dispositivos electrónicos acaban en los contenedores de reciclaje. Sólo en España, las familias producen más de 1.000.000 toneladas de basura electrónica anualmente, de los que 700.000 pueden ser reciclados.
Canarias que fue la primera Comunidad Autónoma en autorizar en 2006 a todos los SIG de RAEE de España, se han establecido una red de centros de recogida, llamados puntos limpios, existen más de 780 de estos puntos en toda España, que forman el primer eslabón de la cadena del reciclaje.
Según un informe de la Agencia Europea de Medio Ambiente, los socios comunitarios generan 7,4 millones de toneladas de residuos de esta naturaleza. La Agencia prevé que este volumen se duplique en el año 2020.
Muchos dispositivos electrónicos actuales contienen piezas de plomo, cadmio, cromo o mercurio. Todas estas materias son potencialmente peligrosas para el hombre y el ecosistema si se liberan en el medio ambiente. Curiosamente, los dispositivos electrónicos son una basura cuyo proceso de reciclaje es relativamente sencillo en comparación con el que generan otros sectores.
Los metales constituyen el núcleo principal de los residuos eléctricos y electrónicos. Reutilizar metales permite ahorrar su proceso de extracción, una de las fases más agresivas con el medio ambiente dentro la producción de este material. Para recuperarlos se necesita menos energía (10% menos, por ejemplo, en el caso del cobre) y se generan menos desechos (potencialmente, un 98% menos) que para extraerlos de la naturaleza.
Esto no significa que deba dejarse de lado la explotación de minerales vírgenes, sino que el reciclaje desempeña un papel importante en el desarrollo sostenible como productora de metales comunes y preciosos, útiles para generaciones venideras. Además de su significativo valor monetario, los metales reciclados poseen también un valor ambiental único: pueden durar para siempre.
La mayor parte de los componentes son separables por medios mecánicos y se calcula que el 70% de cada dispositivo puede ser convertido en materias primas aprovechables. Sólo los productos metálicos superan este índice, con un 90% de volumen reciclable. Muchos de los materiales utilizados en electrónica (cobre, oro, plata o aluminio) son valiosos por sí mismos, al no resultar abundantes en estado natural.
El problema al que se enfrenta el reciclaje de electrónica es la falta de una infraestructura de tratamiento adecuada. En Canarias no se cuenta con ninguna planta de reciclaje para este tipo de residuo por lo que E-Waste Canarias pretende ser la primera en dar solución a los residuos que se generen en las 7 islas.
En 2005 entró en vigor el Real Decreto 208/2005 del 25 de febrero, destinado a regular la recogida y el reciclado de los aparatos eléctricos y electrónicos al final de su vida útil. Al amparo de ese decreto se han creado las fundaciones SIG, organizaciones promovidas por grandes empresas del sector de los aparatos eléctricos y electrónicos o por importadores al territorio español de estos, para el desarrollo de herramientas de gestión de este tipo de desechos.
El volumen de residuos recuperados crece a un ritmo del 10% anual.
Pese a las políticas medioambientales que pueden ponerse en marcha, el reciclaje es un proceso que debe iniciarse en el mismo momento en que se diseña un nuevo producto.
E-Waste Canarias, S.L., no sólo defiende el reciclaje sino la reutilización como la alternativa para alargar la vida útil antes de pensar en reciclar. Por eso tiene firmados convenios de colaboración con diversos colectivos y ONGs, ya que por ejemplo un ordenador de hace cuatro o cinco años puede no ser capaz de hacer funcionar juegos de última generación, pero resulta un valioso instrumento educativo para sectores de la población Canaria con menor poder adquisitivo.